¡¡¡VIGO NO ES UN JUGUETE!!!
Cuando era un niño, con más o menos ocho años, en ocasiones iba a casa de algún amigo. Allí nos daba la merienda su madre y antes de que llegara internet, las consolas y demás tecnologías, nos limitábamos a jugar con unos pequeños coches y algunas figuritas de plástico que simulaban soldados en distintas posiciones bélicas. Evidentemente nos saltábamos toda normativa actual sobre juguetes violentos pero ni
nosotros ni nuestros padres sabían que eso pudiera existir.
nosotros ni nuestros padres sabían que eso pudiera existir. Uno de esos amigos del pasado marcaba sus soldados y sus coches con un rotulador. Les ponía su nombre para dejar constancia de quién era su propietario. Así, de pronto, puede parecer extraño porque en el interior de su casa sólo sus padres, era hijo único, podrían tener tal duda y no creo que fueran tan olvidadizos sus progenitores como para no recordar que fueron ellos quienes le regalaban los juguetes. ¿Entonces? ¿Por qué hacía aquello mi amigo? Con el paso del tiempo lo entendí. Era para que todos sus amigos, cuando llegáramos de vuelta a nuestras casas y nos percatáramos entonces de que, accidentalmente, uno o varios de aquellos soldaditos se había resbalado en uno de nuestros bolsillos, nos sintiéramos culpables. Pretendía que nos remordiera la conciencia, sobre todo al intentar borrar aquel nombre bajo el grifo del cuarto de baño. Tenía muy mala leche aquel amigo de la infancia pero también tenía razón. Eran suyos.
Todo esto viene a que cada vez que paseo por la ciudad de Vigo, a mi memoria regresa aquel amigo y sus juguetes marcados. El alcalde de esta hermosa ciudad se cree que es su juguete y por eso la marca con la intención de que nos sintamos culpables de no estarle agradecido. Menuda estupidez. Mi amigo sí tenía razón en cuanto a la propiedad de sus pertenencias pero el alcalde de Vigo está de paso, nada es suyo más que la responsabilidad de regir, gestionar e informar y hacerlo todo de una forma coherente, sincera, honesta y eficaz. .
Por lo que los carteles que han inundado la ciudad están fuera de lugar y sobre todo de tiempo. “La crisis”, ese monstruo oscuro y tenebroso que en otro momento hablaré de él, nos machaca económicamente y el alcalde gasta un dinero que no es suyo, es nuestro, de todos los vigueses, en marcar la ciudad como si fuera su juguete. El egocentrismo personificado en la figura de un oportunista alcalde narcisista, ¡patético!
Quizá los ciudadanos de Vigo deberíamos, como absolutos propietarios de la ciudad, colgarle un cartel a él, marcarlo para que se dé cuenta de que en cualquier momento, probablemente el 22 de mayo, se convierta en un juguete roto.
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JRMejuto
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